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Algo dulce hay en Torrelodones: la familia Sánchez Galletero, apicultores
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Algo dulce hay en Torrelodones: la familia Sánchez Galletero, apicultores

lunes 29 de octubre de 2018, 10:29h
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Si quiere acercarse al mundo de las abejas y la fabricación de la miel, puede hacerlo con la familia Sánchez Galletero, unos vecinos de Torrelodones que, aunque viven en Las Marías, ofrecen catas y visitas a sus colmenas en Hoyo de Manzanares. La apicultura le viene al cabeza de familia, Sergio, de ver a su abuelo en tierras alicantinas dedicarse a este oficio milenario. En el 2006 la familia se afincó en Torrelodones tras vivir en otros países y aunque la profesión de Sergio es otra, comenzó a dar forma a su gran pasión por las abejas.

Zumbidos lejanos

Para acercarse y conocer el mundo de las abejas en vivo hay que pasar por un ritual a la hora de vestirse, ya que hay que protegerse de posibles picaduras porque éstas defienden su comunidad. Hace falta un mono completo, polainas que sellen cualquier entrada, guantes y una ‘careta’ que, cubriendo la cabeza, permite la visibilidad a través de una redecilla.

Desde hace 3 años, Sergio se ha ido ocupando de hasta 30 colmenas -la próxima temporada ampliará a 50- en una parcela municipal de aprovechamiento ganadero que alquila en Hoyo de Manzanares. Este municipio tiene un extenso y rico entorno natural, sin embargo en Torrelodones, por su gran concentración de viviendas, no hay una apuesta por la apicultura urbana, como ya existe en ciudades de otros países. Cuenta además con otras colmenas en un terreno propio en Segovia y en Alicante, donde tiene la posibilidad de realizar una “trashumancia o pastoreo” de las colmenas, útil para fortalecerlas con un clima más templado o para enriquecer la miel con otras flores. “Hemos apostado por una experiencia sostenible y lo que más nos ha ayudado son las visitas guiadas que hacemos en inglés para extranjeros. En este primer año hemos tenido 60 turistas interesados”, explica.

Sergio es miembro de ASAPIA Madrid, donde tiene el asesoramiento y los servicios que necesita. “Se estaba perdiendo el conocimiento, pero ahora hay una vuelta generacional a lo natural y artesanal por convencimiento”, señala. “Los pequeños productores además evitan la pasteurización industrial, que destruye las enormes propiedades naturales de la miel”.

No olvida que desde hace décadas se está produciendo a nivel mundial el “colapso de las abejas”, con una mortalidad que ha alcanzado el 30 por ciento en España. Los factores son diversos y las soluciones escasas contra los pesticidas, el cambio climático, la destrucción de su hábitat, las especies invasoras y parásitos de difícil erradicación.

Nuestro apicultor nos relata que se rigen por la regulación y el control sanitario de la Cámara agraria, a la que presentan censos e informan de cualquier variación “estamos obligados a frenar la varroa, un parásito que llegó de Asia, y usamos métodos naturales como el timol, que se extrae del tomillo, el ácido oxálico, que lo lleva la miel, o el ácido fórmico que producen las hormigas. Incluso el rociado con azúcar glas”. Las abejas son el pilar de nuestro ecosistema y el 70 por ciento de los cultivos necesitan de su labor de polinización. Decía Einstein que si las abejas desaparecieran, los humanos tendríamos cuatro años de vida. Hoy son una especie en peligro de extinción y están protegidas.

El mundo de las abejas

Las tareas del apicultor vienen marcadas por las estaciones del año y por la necesidad de mantener y preservar el peculiar mundo de las abejas. Desde una colmena ya estandarizada desde hace dos siglos se reproduce funcionalmente el propio diseño de las abejas de su espacio comunal. Cada caja colmena, levantada del suelo por una alza, contiene 10 o 12 panales extraíbles y pueden llegar a pesar 20 o 25 kilos cuando están cargadas de miel. La vida de la colmena se organiza en tres status: la reina, dedicada a la reproducción y motivación de la comunidad; los zánganos, cuya única función es fecundar a la reina; y las obreras, que hacen todo el trabajo.

El otoño es preparatorio para superar el momento crítico del frío del invierno, época en la que no se interviene. La primavera es la época de más actividad, y en julio se recoge la producción, con una correcta gestión que no deje sin reservas a la colmena.

Sergio también se dedica a la cría de abejas reinas -que viven de 3 a 5 años-, que son las que aseguran la vida de las colmenas y la creación de otras nuevas. De la labor incansable de las abejas se obtiene también cera, que producen para construir las celdas hexagonales del panal. El polen que apilan en bolitas y traen en sus patas, cae para su recolección al atravesar los orificios de entrada a la colmena. También son productos muy cotizados el propóleo -resina extraída de árboles que usan para recubrir el panal- y la jalea real, un exclusivo alimento para crear abejas reina.

“Una pequeña cucharada de miel es el trabajo de dos meses y la vida entera de 5 abejas”, dice Sergio. Su mujer Blanca y sus dos hijas pequeñas colaboran también en la etapa final, para llegar a lo más dulce: los panales se centrifugan en casa, en un extractor de acero inoxidable , y la miel se filtra sin ningún aditivo ni conservante para luego envasarla. También tienen un fundidor para la cera, con la que hacen velas. Todo un proyecto con el que “la tradición llega a la ciudad”.

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