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Sonrisas saharauis

domingo 18 de septiembre de 2016, 20:18h
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Comenzaron a llegar en el verano de 1979 a España los primeros diez niños y niñas saharauis con el programa Vacaciones en Paz. En 2008 se alcanzó la cifra de 9.000 menores procedentes de los campos de refugiados acogidos durante dos meses por familias españolas. Desde el 2014, con la crisis económica, se ha bajado hasta la mitad pero el objetivo sigue siendo el mismo: aliviar a los más pequeños de los más de 50 grados de temperatura que alcanza el desierto, de las carencias alimentarias y sanitarias y del sufrimiento de un exilio perpetuo.

Este verano 228 niños han tenido como destino la Comunidad de Madrid y algunas familias de nuestro entorno mantienen este compromiso estival. Pero también otros han apostado por darles estudios continuados, dentro del programa ‘Madrasa’, un proyecto que comenzó en España en el 2006 en algunas comunidades y en Madrid desde 2012. Junto con la experiencia de estas familias, tenemos la visión de Goyi Alonso, vecina de Torrelodones, que ha estado trabajando como ginecóloga voluntaria los últimos tres veranos en los campamentos saharauis. Ella nos habla de la situación crítica y cronificada de las 160.000 personas que sobreviven en medio de la nada.

En los campos saharauis

Goyi Alonso lleva tres años colaborando con Médicos del Mundo en el hospital de Rabunni, donde también se encuentra el Gobierno saharaui, con fuertes medidas de seguridad desde que en el 2011 se produjera el secuestro de tres cooperantes. Dice que “es lo más desesperanzador que he visto, sin trabajo y sin ocio cuando la gente tiene un nivel cultural aceptable”. Las mujeres, nos cuenta, “están muy anémicas porque tienen entre 4 y 8 hijos” y que el Frente Polisario no quiere que las mujeres usen anticonceptivos por un fin “político”. Están viviendo una situación de emergencia porque la ayuda internacional ha descendido con la crisis, “faltan cirujanos o anestesistas y se empiezan a ver graves casos de desnutrición”.

Desde 1991 la MINURSO se propuso la misión de celebrar el referendum saharaui. Hasta el día de hoy no se ha celebrado por diversas trabas en el censo y bloqueos de Marruecos y también la pasividad internacional. “Los saharauis no tienen pasaporte, no tienen nacionalidad, no existen... y además están olvidados tras sufrir un verdadero genocidio”. Goyi se ha propuesto promover una jornada en Torrelodones para seguir visibilizando y apoyando al pueblo saharaui.

Familias ‘acogedoras’

Bachri tiene doce años y es el segundo verano que pasa en Las Matas con la misma familia. Es inquieto -están acostumbrados a estar siempre en la calle- pero también obediente. Habla bastante castellano, aprende muy rápido, sabe jugar a la ‘Play’ y conoce las cartas y el parchis. No come ni cerdo ni verduras verdes y su familia pidió a la española que le facilitaran los rezos. “Qué menos que ser solidarios” dice Juan, su padre de acogida, “luego mantenemos el vínculo y seguimos ayudando”. Fueron invitados a los campamentos el año pasado pero lo impidió las inundaciones. “Me gustaría convivir con su familia; también ver para creer cómo sobreviven allí”, reconoce Juan.

En los primeros días, cada asociación local de amigos del pueblo saharaui hace una fiesta, así como otra a nivel Comunidad para que se reúnan todos los niños. A finales de agosto volverán a sus casas y “la satisfacción es que sus vidas se enriquezcan y se lleven muchas cosas nuevas que contar”.

Pilar Babá tiene 15 años y ya no tiene edad para regresar con ‘Vacaciones en Paz’. Durante cuatro años y uno más por motivos de salud -es pequeña y delgada por desnutrición- estuvo disfrutando en Torrelodones, con Ángel y Pilar. “Se quedaba mirando todo, es muy abierta y se la veía muy feliz aquí”. Lo que más le sorprendía, la lavadora y el lavavajillas, el agua de la pisicna o el mar.

Pilar cuenta que respondieron a la llamada de la Cadena SER porque había niños sin familias de acogida. También están en la directiva de la Asociación de Madrid capital porque “hacía falta”. “Esto no es ayudar, sólo hay que tener tiempo, es muy fácil”. La expeiencia que se llevan es “maravillosa y la diferencian perfectamente porque son fuertes y austeros, lo viven como un sueño”. La sonrisa vuelve con Pilar que puede cumplir el sueño de estudiar en España. Su familia torresana la espera a partir de septiembre tras unos largos trámites que aún no concluyen, todo para que tenga la oportunidad de estar en el proyecto ‘Madrasa’.

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