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Tejiendo la historia

lunes 22 de febrero de 2016, 18:46h
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La villa de Torrelodones no se crea hasta 1658. Enclavada en un territorio de paso hacia la meseta Norte desde la Antigüedad, cuenta con una torre-vigía propia de los cruces de caminos. De los familiares de la atalaya se pasaría a la “alquería” o comunidad rural, hasta que la Villa va surgiendo alrededor de este enclave ideal para la parada y fonda. Llegando al siglo XX aún se mantenía siendo un “pueblo-calle” como casco urbano. No obstante, antes de ser Villa, fue pedanía de Galapagar y dependía del escribano-Secretario de esta circunscripción, pero no se conserva allí mucha documentación. Otra de las circunstancias territoriales es que fue entregada en propiedad como moneda de cambio de favores reales formando parte de la Comarca del Real de Manzanares.

“La sensación de tocar Historia es una emoción impresionante”. Estas palabras son de Antonia Casado, la archivera de Torrelodones. Desde 2006, Casado ha dirigido la labor de recuperar la memoria del municipio en el Archivo municipal, que ha llegado ahora a Internet para ir contándole a los vecinos la historia de Torrelodones a través de documentos, fotografías y curiosidades escondidas en las cajas del Archivo, en el que se siguen recogiendo todos los documentos que genera la gestión municipal día a día.

Conseguir desenredar el hilo de la Historia cuando se traspapela o se destruye la memoria en años convulsos, es cuestión de suerte y de un trabajo metódico que agradece el patrimonio colectivo. Aquí en Torrelodones, a diferencia de otros pueblos de nuestro alrededor, se conservan en el Archivo Histórico municipal, documentos oficiales de los años de la República y la Guerra Civil, no así de entre 1798 y 1820, mediando la Guerra de la Independencia. El registro más antiguo con el que cuentan es uno sobre cuentas públicas que se realizó en 1741, aunque “existen otros documentos o referencias a Torrelodones anteriores a esta fecha”, señala Antonia Casado, en el Archivo Histórico Nacional o el de la Villa de Madrid, entre otros que ha visitado.

Un claro ejemplo de este trabajo de investigación fue el que la llevó a descubrir cómo y dónde se custodiaban los primeros documentos oficiales en la Villa de Torrelodones, antes del Arca que señalaba la Ley Pragmática de los Reyes Católicos. Un documento de 1670 hallado en el Archivo Histórico Nacional habla de un “nicho” en la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción para los documentos del Concejo. Tirando del “hilo” de la Historia, en octubre del año pasado se constató en que en el hueco de la pila del agua bendita de la Iglesia aún quedan los restos de un anclaje de hierro que bien podrían ser de la puertecilla de aquel nicho.

250 años en papel

En 1832 se creó la primera plaza oficial de Archivero para atender la organización del Ministerio del Interior o de Gobernación y todos los expedientes administrativos que se generaban. Cien años después se fundaba la Dirección General de Archivos, que ya en Democracia instó a las administraciones locales a que crearan sus archivos históricos prestándose a colaborar y custodiar si no se tenían medios en cada municipio.

No fue hasta 2006 cuando en Torrelodones se construyó el edificio para el Archivo Histórico Municipal en la calle Joaquín Ruiz Jiménez, 28. Tras superar en espacio el despacho del Secretario -primer responsable del Archivo- y la habitación destinada en el nuevo Ayuntamiento desde 1971, el fondo documental existente se encontraba en la antigua nave municipal próxima al actual Archivo. Allí reposaban apilados 250 años de historia y desde allí se emprendió una ingente labor archivística.

Dieciocho personas de una Escuela Taller estuvieron a cargo de la funcionaria archivera para emprender la faena. Antonia Casado nos cuenta cómo fueron los primeros meses. “Primero se limpió de polvo cada documento, para luego extenderlos sobre alfombrillas y cartones en el suelo de la planta alta, hicimos una primera clasificación por áreas -Hacienda, Personal, Servicios, Urbanismo, etcétera- y luego se hicieron subdivisiones y se ordenaron cronológicamente. Cada día dábamos saltos de alegría superando la antigüedad de cada documento”. Allí se empezó a entrelazar la Historia más antigua de Torrelodones.

Pero también se inició un trabajo cuidadoso extraordinario que se mantiene a lo largo de estos diez años, para restaurar esos documentos y protegerlos del deterioro. “Para prensar papeles arrugados o para completar pedazos que faltan, se injerta papel japonés usando como pegamento metil celulosa, y se planchan con calor”, explica Casado. También se encuadernan grupos de documentos y se hacen tomos. “Se cose mediante técnicas tradicionales con un telar e hilos de algodón, se preparan las tapas para unir, se ponen las guardas y se doran los títulos del lomo”. Todo esto añade un plus a la conservación y al valor del documento.

Es una lucha contra el paso del tiempo y la calidad de los materiales. Antes, el papel tenía mejor calidad, “cuando se hacía con trapos sucios, y éstos conservan la huella de la rejilla donde se secaba la pasta”. Nada que ver con el papel de origen vegetal, dice, desde que se hace en el siglo XIX. Ahora estamos embarcados en la época de la digitalización, pasando a toda velocidad de un soporte a otro, hasta llegar a “la nube”.

Arqueología documental

La actividad en el Archivo es continua. A finales de año se reciben las transferencias de documentos del Ayuntamiento, “pero a veces llegan 200 cajas de Urbanismo”. Todo lo que hoy se transfiere desde los distintos departamentos del Ayuntamiento -en origen se digitaliza, pero también se conserva el papel- dentro de años será Historia. “Se registra el día a día de los ciudadanos”. También reciben consultas de la propia Administración o de particulares por intereses variados. Y así mismo, tienen visitas de investigadores a los que hay que facilitar sus búsquedas.

La archivera municipal nos muestra lo que para ella son “verdaderas joyas” como el padrón del año 1840. Señala que en general los escritos antiguos son “pulcros, con muy buena letra, sin tachones” porque si no “ volvían a empezar porque tenían tiempo”. Aparece información que retrata una sociedad y con él “los apellidos más antiguos del municipio podrían reconstruir su árbol genealógico”. Hay anotaciones del origen de nacimiento de sus habitantes, el barrio donde vivían -el pueblo fue solo una calle hasta el siglo XX y aparece el ‘barrio a las afueras’- y sus oficios “médico, labrador, estanquero, tabernero, guardia...”.

No es extraño encontrarse, además, documentos ‘traspapelados’ entre otros expedientes, a los que llama Casado “expedientes preñados”. Papeles “fuera de contexto” como el que encontró hace poco, “un pasaporte firmado por el Capitán General de Galicia a un soldado que venía a un reemplazo en el Regimiento de Infantería de La Princesa, lo que hoy es el Conde Duque”. El documento está fechado entre 1871 y 1875. “Tiene una historia tremenda, la de un soldado cuando estaba en ciernes la Tercera Guerra Carlista. Los soldados iban de pueblo en pueblo para que les dieran cobijo y con esto podían pasar sin que les detuviera la Guardia Civil”. No sabemos qué le pasó al soldado, Narciso de Novoa para más señas, para que perdiera su salvoconducto a la altura de Torrelodones.

Exposición en Internet

La digitalización se planteó desde el 2007, una vez que se fue avanzando con la prospección arqueológica documental. Ahora el mayor atractivo es dar valor a lo que hay, facilitando su divulgación y el máximo acceso. Que hay interés por la historia local ya lo demostró la exposición ‘Cuéntame Torrelodones’, de 2014. Un interés que, explica la concejala de Cultura, Rosa Rivet, “hemos enfocado en el volcado progresivo en la web municipal como exposición virtual permanente. Y con las diversas conferencias y exposiciones en la Casa de Cultura que se han ido realizando sobre la historia local”.

En esa exposición virtual, que se puede encontrar en la web, www.torrelodones.es, se van volcando poco a poco las joyas del archivo, correctamente contextualizadas para que se entienda su interés y peculiaridades. “Vamos a ir sacando lo que puede ser interesante para la gente”, explica la archivera, “más lo que me vayan pidiendo”. También se van publicando las fotos antiguas del Archivo y otras que aportan los vecinos de Torrelodones.

Entre sus secciones, hay una dedicada al Arca del Concejo, en la que se cuenta la historia de cómo se conservaban los documentos en la Antigüedad y cómo hemos llegado hasta el día de hoy con el Archivo; la Fototeca, cuyos documentos más antiguos por el momento datan de 1911 y corresponden a la Colonia Vergara; o el Pegujal del Investigador, con curiosidades y obsequios pensados especialmente para los investigadores, así como enlaces a referencias externas al Archivo que tienen relación con Torrelodones. También hay una sección de Novedades que se va nutriendo con las últimas aportaciones al fondo documental.

Una labor de divulgación a la que se unirá Mas Vive, que va a contar dentro de poco con una sección en la que publicaremos en exclusiva novedades del Archivo, para contribuir de esta forma a la divulgación de este patrimonio cultural. Porque para entender el día de hoy no podemos perder el hilo de nuestra Historia.

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