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Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama: un paraíso natural a la puerta de casa
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Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama: un paraíso natural a la puerta de casa

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A finales de junio, la Comunidad de Madrid instaló una gran lona en la Puerta del Sol invitando a los madrileños a conocer la Sierra de Guadarrama, dentro de la campaña que emprendió para fomentar el turismo de proximidad en este atípico verano del COVID19, destacando que se encuentra “a menos de 50 kilómetros” del centro de la capital. Esa cercanía con la urbe es una de las circunstancias que definen a este espacio natural, el último en llegar a la Red de Parques Nacionales.

El Parque Nacional ocupa 33.960 hectáreas en el Sistema Central, macizo montañoso que divide en dos la meseta castellana y separa las cuencas hidrográficas del Duero y el Tajo y las provincias de Segovia y Madrid. Discurre por los cordales de los Montes Carpetanos, Cuerda Larga y Siete Picos, dibujando una figura con forma de ancla. Sus límites recorren un perímetro de 275 kilómetros y ocupa terrenos de 28 términos municipales, 16 en Castilla y León y 12 en la Comunidad de Madrid. Además del Parque Nacional, hay otras 62.655 hectáreas declaradas como Zona Periférica de Protección. Es el hogar de más de 1.000 especies vegetales, 148 de aves, 36 de anfibios y reptiles y casi 60 especies de mamíferos; así como de una fauna invertebrada muy diversa, incluyendo 74 taxones con algún tipo de protección a nivel nacional o europeo.

En la Sierra de Guadarrama hay pinos silvestres, robles melojos, enebros, encinas y piornos, ciervos, jabalíes, lobos ibéricos, corzos, cabras montesas, tejones, gatos monteses y zorros, así como de rapaces como el águila imperial, el buitre negro, el cernícalo o el búho real. La variedad de invertebrados es enorme, pero entre otros, la Sierra es el hogar de la Graelsia Isabelae, también conocida como la Mariposa Isabelina, y de la Mariposa Apolo.

“Tenemos un privilegio que no tiene ninguna otra capital de Europa”, señala a MasVive el director general de Medio Ambiente, Luis del Olmo. “Podemos salir de una gran ciudad como es Madrid y llegar a un Parque Nacional en menos de una hora. Eso es un lujo, es calidad de vida. Tenemos picos como Peñalara o la Bola del Mundo, techos de altura, que no tienen otras capitales europeas. Y eso está para que se disfrute. Lo que ocurre es que tenemos que ser más estrictos y ponernos más obligaciones”.

Es por todo esto por lo que los madrileños han mirado con nostalgia a la Sierra y sus parajes durante el confinamiento y se echaron ‘al monte’, como quien dice, en cuanto comenzó la desescalada. Algo que se ha mirado con preocupación por parte de los colectivos ecologistas, que han pedido más regulación de las visitas a este entorno natural. Pero que desde los órganos gestores del Parque Nacional se trata de poner en contexto. “Es bueno que nuestra Sierra sea visitada, porque eso genera empleo y riqueza”, recuerda Luis del Olmo, quien se siente “muy orgulloso de como ha funcionado todo” en el Estado de Alarma y en la desescalada.

El Parque y el confinamiento

Explica Luis del Olmo que durante el confinamiento “el parque tuvo una tranquilidad pasmosa”. Nada más decretarse el Estado de Alarma retiró a buena parte de sus 140 trabajadores, sobre todo de los servicios de información ambiental y las cuadrillas de trabajo, dejando sólo personal de guardia. Esos meses coincidieron con una primavera muy buena en cuanto a temperaturas y lluvia. Todo ello ha contribuido a que los procesos reproductivos de especies como las águilas, los buitres, etcétera, fueran “fenomenalmente bien”.

Luego llegó la desescalada. Las primeras dos semanas de junio se mantuvieron cerrados los grandes aparcamientos para evitar las aglomeraciones en esos primeros días. Pero a mediados de junio se levantaron esas restricciones y “el primer fin de semana la sensación fue de que estaban desbordados, de que había demasiada afluencia de vehículos”. Pero Luis del Olmo asegura que se ha comprobado que “la penetración en las zonas naturales no era tan grande” y que la gente se quedaba más en los alrededores de la carretera. Esta presión de visitantes ansiosos de disfrutar del aire libre se rebajó en cuanto finalizó el Estado de Alarma y se permitieron los desplazamientos fuera de la región.

Eso no quiere decir que este verano no haya tenido sus propios retos. “La climatología ha sido más suave que el año pasado, y eso ha sido muy positivo para los incendios forestales, pero no así para el ocio en la Sierra”, asegura Del Olmo, quien dice que tienen comprobado que, cuando no hace tanto calor, la gente sale mucho más al campo. A pesar de que el baño estaba prohibido en todas las masas de agua dulce de la región, para evitar contagios por COVID19, y de que hay espacios de la Sierra en los que el baño está prohibido expresamente desde hace tiempo, en julio detectaron un aumento de los problemas relacionados con las zonas de baño no permitidas, como El Atazar y la Pedriza. “Evitar que se hiciese un uso masivo de estas zonas”, ha sido la principal batalla desde julio.

Una experiencia positiva ha sido la de Las Presillas, en Rascafría, que ha funcionado como área recreativa. Para ello, se permitió una entrada ordenada a las zonas de pradera, pero se evitó que se llenasen las piscinas naturales, para que la gente no pudiera bañarse.

Ahora llega el otoño, la época por excelencia de los paseos por la Sierra, el turismo rural, las visitas al Hayedo, la recolección de setas… una práctica que se estudia como ordenar para que no se produzcan daños a los ecosistemas serranos. También se trabaja para regular la figura de los guías profesionales del Parque Nacional, otra iniciativa que permitirá ordenar mejor las visitas al Parque Nacional, y se está aprovechando para señalizar mejor las zonas de estacionamiento permitidos, mientras están “en todo momento pendientes de la normativa sanitaria” y de los los protocolos para evitar grandes concentraciones de gente.

Un siglo pidiendo el Parque Nacional

La Ley que creaba el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama se aprobó en el Congreso de los Diputados el 25 de junio de 2013, pero era una idea largamente acariciada y debatida por conservacionistas e intelectuales. De hecho, a finales del siglo XIX se realizaron los primeros estudios cartográficos, geológicos, botánicos y faunísticos sobre la Sierra de Guadarrama. Esta corriente de interés de científicos e intelectuales se sumó a la aparición, en 1876, de la Institución Libre de Enseñanza, que impulsó el conocimiento y amor por la Sierra.

A principios del siglo XX, además, se crearon las primeras sociedades deportivas y montañeras, como la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara, que ya pedía, en los años 20, la declaración de Parque Nacional para este entorno. Pero no sería hasta la década de 1930 cuando se empezó proteger este ámbito natural con la creación por ejemplo, de la figura de Sitio Natural de Interés Nacional (Cumbre, Circo y Lagunas de Peñalara, Pedriza de Manzanares y Pinar de la Acebeda).

No sólo la Institución Libre de Enseñanza volvió su mirada a la Sierra. A lo largo de los siglos, ha sido protagonista de obras artísticas de todo tipo. Aparece retratada en numerosos cuadros de Velázquez, Sorolla, Beruete y un largo etcétera, glosada por la pluma de multitud de escritores desde el Arcipreste de Hita a Giner de los Ríos, Pío Baroja o Antonio Machado, ha servido de escenario a numerosas obras cinematográficas, incluídas superproducciones de Hollywood, y hasta protagoniza sus propias leyendas tenebrosas, como la de la pastora que se aparece en la Laguna de Peñalara la noche de difuntos o la leyenda de la Cueva de la Mora, historia trágica de amoríos entre un joven cristiano y una joven musulmana con la Pedriza de fondo.

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