La primera actuación ha tenido lugar en los bosques de ribera del valle del Lozoya, algunos de ellos en repoblaciones efectuadas hace ocho décadas. Se han rehabilitado 26,27 hectáreas de esta zona, facilitando un crecimiento ordenado de la vegetación y beneficiando a especies como corzos, jabalíes o invertebrados.
Entre las técnicas utilizadas está la del apeo -que permite eliminar los árboles que se han secado sin dañar el espacio de alrededor-, el estaquillado para la reproducción de ejemplares, la limpieza de troncos y el astillado de los restos o su extracción mediante tracción animal.
Ahora, a partir del próximo noviembre, se actuará en los arroyos del Algodón y la Angostura, en el monte de La Morcuera, donde se reducirá la competencia entre las especies vegetales y se realizará una repoblación con árboles y arbustos de hoja caduca en los claros, creando mosaicos de paisaje. Además, se va a favorecer el crecimiento de los rodales de plantas frondosas que han aparecido de forma natural entre los pinos, mediante un meticuloso trabajo de separación manual, para permitir su desarrollo sin dañarlas.
Según explican desde la Consejería de Medio Ambiente, los pinares contribuyen a mejorar la calidad del agua cercana, regulan la temperatura y actúan como refugio y reservorio de alimento para la fauna autóctona. “Asimismo, sirven de cortafuegos, aseguran el terreno de las orillas y funcionan como zona de recarga de las aguas subterráneas y de filtro frente a la entrada de sedimentos y sustancias químicas, asegurando la estabilidad de las orillas. Por todo ello, mantenerlas en buen estado es clave para la biodiversidad regional”, señalan.
Esta actuación, que va a ir acometiendo la mejora de las masas arbóreas situadas alrededor de otros arroyos, cuenta con la asesoría del Centro de Investigación, Seguimiento y Evaluación del Parque Nacional (CISE) y la financiación de los fondos europeos Next Generation, dentro del Plan Recuperación, Transformación y Resiliencia.