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Navalcarbón: hay sitio para todos
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Navalcarbón: hay sitio para todos

lunes 26 de junio de 2017, 18:56h
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En las más de 100 hectáreas de la Dehesa de Navalcarbón de Las Rozas cabemos todos. Hay sitio para los que quieren practicar deporte, para los que quieren pasear, los que buscan un lugar para entretener a los pequeños de la casa, para los aficionados a la botánica, para los amantes de los animales, para los que quieren conocer más de la historia de Las Rozas,para los que simplemente quieren merendar al aire libre... el que es conocido como ‘el pulmón de Las Rozas’ es más bien un enorme corazón verde de singular valor, muy querido por los vecinos y que late a diario con una actividad constante.

La Dehesa de Navalcarbón tiene un tamaño de más de 100 hectáreas, algo así como un millón de metros cuadrados de zona natural que contienen en su interior una gran variedad de especies naturales, aves y pequeños mamíferos. Corresponde a lo que era el antiguo Monte Comunal de Las Rozas, siempre ha pertenecido al municipio como bien público y se llama así porque era un monte de encinas que estaba adehesado “para que pastara el ganado”, nos explica Juan Vicente Sánchez, responsable de Medio Ambiente Natural del Ayuntamiento de Las Rozas, y cuya madera se utilizaba para la obtención de carbón, de ahí su nombre.

Se usa como los vecinos de Madrid usan el Retiro o la Casa de Campo, como un espacio de ocio y esparcimiento dentro de la ciudad que todavía guarda numerosos elementos naturales de interés tanto desde el punto de vista de la flora y de la fauna como históricos.

En su interior podemos encontrar hasta 12 senderos distintos para recorrer a pie o en bicicleta, un circuito de running que lleva el nombre del atleta Chema Martínez, restos del antiguo Canal del Guadarrama reconvertidos en un canal de piragüismo, varios fortines, trincheras y cráteres de obuses de la Guerra Civil, un Polideportivo, una zona recreativa con columpios, juegos infantiles variados y mesas para hacer un picnic…

Dehesa natural

Si hablamos de naturaleza, tenemos que empezar por contar que las encinas de Navalcarbón llegaron casi a desaparecer de este espacio natural, no se sabe si sólo por la sobreexplotación o por otras causas. Las primeras repoblaciones de pino se hicieron, explica Juan Vicente Sánchez, en época de la República, a cargo de la Diputación de Madrid, en la zona de los antiguos viveros, y volvió a repoblarse en los años 40 del pasado siglo, de nuevo, con pinos piñoneros que se utilizaban para la recolección de piñones. En aquella época, justo después de la Guerra Civil, este monte público fue, además de pulmón, despensa de Las Rozas, un lugar en el que “los vecinos cultivaban de todo para abastecerse”.

Juan Vicente Sánchez explica que aún se encuentran encinas, que vuelven a resurgir en toda la zona y acabarán ‘recuperando’ la Dehesa tal y como la ocuparon originariamente, y también se pueden encontrar sauces, chopos y algún olmo autóctono “que ha ido desapareciendo en toda España por culpa de la grafiosis”.

También un par de especies que merecen que nos detengamos un momento: el piruétano, que es un tipo de peral silvestre, y algunos arbustos de aulaga. Son especiales porque “indican que hasta Las Rozas llegan, por todo el valle del Tajo, unos retazos de humedad más altos que en el resto de la zona, y por eso se instalan este tipo de especies, que son típicas de la zona de Extremadura”. Las Rozas es la zona más al Este en la que se pueden encontrar estas dos especies, incluidas en el catálogo de especies protegidas de la Comunidad de Madrid.

En cuanto a la fauna, a los patos de diferentes especies, garzas y cigüeñas se unen pájaros carpinteros como el pito común, algunas rapaces nocturnas y diurnas y hasta se ha visto alguna águila imperial “aunque no es muy común”. También se ven pequeños carní- voros, comadrejas, zorros y hasta, nos cuenta Juan Vicente Sánchez, se ha visto algún gato montés “aunque no es una zona que habiten habitualmente”. Los jabalíes entran de manera esporádica, explica, pero no es lo habitual “porque el acceso no les es fácil, ya que tienen que atravesar varias carreteras”.

La Dehesa de Navalcarbón, aunque tiene todas las características de un entorno forestal, está determinada por su cercanía con el espacio urbano, nos explica el responsable de Medio Ambiente Natural, se ha convertido en una zona más de ocio, la más usada por los vecinos de Las Rozas, y como tal se gestiona “para garantizar la conservación de los recursos naturales y su uso ordenado por los vecinos”.

Medio Ambiente organiza puntualmente actividades sobre todo con los colegios para dar a conocer su riqueza. Los vándalos han prácticamente acabado, eso sí, con la ruta que se hizo gracias a una Escuela Taller, que contaba con carteles explicativos sobre la flora y la fauna de este entorno para que los paseantes pudieran informarse durante su recorrido.

Dehesa deportiva

Los datos del Ayuntamiento de Las Rozas indican que dos de cada tres vecinos practica algún tipo de actividad física “y los que no ya están tardando”, dice la concejal de Deportes, Bárbara Fernández. Y la Dehesa es el espacio en el que naturalmente acaban confluyendo todos los aficionados al deporte al aire libre, que corren, pasean, van en bicicleta por sus senderos naturales, participan en diferentes competiciones o utilizan las instalaciones del Polideportivo de Navalcarbón, un complejo deportivo de 82.000 metros cuadrados que cuenta con más de 44.440 usuarios anuales y que alberga la práctica de más de una veintena de modalidades distintas de deporte y más de 3.000 alumnos inscritos en sus distintas escuelas deportivas infantiles y de adultos.

La responsable de Deportes roceña recuerda que la OMS recomienda al menos hacer actividad física 30 minutos al día, y qué mejor lugar que hacerlo en la Dehesa. “Es importante empezar a moverse porque evitas enfermedades, te sientes mejor, tienes mejor humor…”, dice, al tiempo que explica que su departamento ha lanzado una campaña, ‘Muévete 30 minutos’, que recomienda una rutina de ejercicio, que se puede hacer al aire libre, para conseguir este objetivo.

Dehesa histórica

Otra de las singularidades de la Dehesa de Navalcarbón es su conexión con la historia de Las Rozas a través de dos conjuntos de restos: los búnkeres de la Guerra Civil y los restos del antiguo Canal del Guadarrama.

Para conocer esa parte de la historia lo mejor es acercarse a la Dehesa en la compañía de la Asociación Cierzo, que organiza visitas guiadas periódicas a la Dehesa de Navalcarbón para contar con detalle el por qué de los restos de la Guerra Civil. La programación de excursiones se puede consultar en www.asociacioncierzo.net.

“Los restos de la Guerra Civil, compuestos principalmente de fortines y trincheras, corresponden al final de la guerra, comenzaron a construirse a mediados de 1938 y pertenecen a lo que se conoce como la segunda línea del frente Republicano, que discurría desde el Manzanares hasta el Guadarrama”, explica el historiador Javier Calvo, presidente de la Asociación Cierzo.

La suerte es que en Navalcarbón “se ha conservado, en un espacio bastante pequeño, un conjunto bastante numeroso de fortificaciones, aunque es una parte mínima de las que existieron”. Concretamente, el conjunto, uno de los conjuntos arqueológicos más interesantes de la Guerra Civil en la Comunidad de Madrid, está compuesto por fortines de mampostería y de hormigón armado, además de restos de trincheras y vestigios de algunos refugios subterráneos.

Calvo explica que en Navalcarbón no se produjeron combates directos. La batalla de la Carretera de La Coruña o de la Niebla, se libró por las calles del pueblo de Las Rozas y la Dehesa quedaba un poco lejos, pero sí que se vio afectada por los bombardeos.

Javier Calvo también lleva a paseantes a otros lugares históricos del municipio, como la Presa del Gasco, en la que se les cuenta qué fue el Canal del Guadarrama y el proyecto de Lemaur, de finales del siglo XVIII, de navegar desde Madrid hasta el océano.

En la Dehesa se conservan los restos de lo que fue el tramo final construido de ese Canal, que debería haber tenido 771 kilómetros de canales hasta el Atlántico y del que sólo se construyeron 27 kilómetros. Para abastecer de agua a todo el proyecto se construyó la Presa del Gasco, parte de la cual se derrumbó durante una tormenta, lo que marcó el final de todo este faraónico proyecto.

Lo que quedaba del Canal se aprovechó, en 2003 para construir el canal de piragüismo de la Dehesa de Navalcarbón, que tiene una longitud de 1,2 kilómetros, que “no ha modificado el trazado ni los materiales que incluso se han aprovechado en la rehabilitación”.

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