Es por causa del horizonte, el que no nos deja ver su forma circular, solo quienes escalan altas montañas han logrado ver en ocasiones que ciertos arcos iris continúan debajo del horizonte, pero ni siquiera las montañas poseen altura suficiente para observarlo. Pero también el determinante para que se produzca la gama de los colores en el cielo es que las gotas de lluvia sean esféricas -cuando tienen un volumen máximo en la mínima superficie- y ésto ocurre cuando caen a una velocidad uniforme y constante, o sea cuando no es una lluvia torrencial ni está afectada por el viento. En el momento que un rayo de luz entra en cada gota, se refracta y se descompone en todos los colores, luego se refleja en la superficie posterior de la gota y llega hasta nuestros ojos.
Para completar la maravilla, este espectáculo de luz y de agua es además personal, porque cada quien ve su propio arco iris, ya que no es algo material, es un fantasma, una imagen, porque no está en un sitio fijo y depende desde dónde cada uno lo vea.
Esta es la Física que explica a la Naturaleza, aunque también es interesante saber cómo se expresa la espiritualidad humana frente a esta manifestación. El arco iris, dicen que representa la unidad en la diversidad, y el número siete, por los colores que contiene, es la perfección, por ello simboliza- menos para ateos y agnósticos- un pacto entre Dios y el ser humano.
Definitivamente, cada uno tiene su propio arco iris.