Torrelodones a cuatro patas
miércoles 23 de abril de 2014, 12:06h
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Lo que a continuación van a leer son historias de un rastreo en un día de verano, en este Agosto de Torrelodones. Nos hemos propuesto seguir las huellas caninas por las calles y los campos de los alrededores y también de sus bípedos acompañantes. Quizás pareciera un estudio sociológico, pero es espontáneo y casual, o sea, nada científico. Lo que sí nos permite es conocer un poco más a esta comunidad especial que la forman las personas amigas de los perros y a estos habitantes que no tienen voz pero que necesitan ser tomados en cuenta. ¿Salimos de paseo?
Son las 8:30 de la mañana de un sábado en La Colonia, se avistan dos hombres de edad avanzada, los dos caminan despacio con sendas perras labradoras, color marrón claro, que van en direcciones opuestas. Saludamos a Senda, que tiene 11 años y a José de 77. Con dos meses y medio la compraron por 100.000 pesetas. Su hija se enamoró de esta especie que es la que entrenan de guías para las personas ciegas. José es el único en casa que se encarga, se enorgullece de tenerla limpia y educada “he leído libros para entrenarla, aprendió rápido, es obediente y cariñosa”. Cuatro o cinco veces la saca a pasear “es famosa en la Colonia”. Siempre recoge las deposiciones y está muy indignado con otros dueños que no lo hacen, le gustaría que esto se sancionara caro.
A las 9:00 de la mañana, apostada en la entrada de la zona protegida en la Avenida de la Dehesa, espero a que aparezcan las especies que gustan de levantarse temprano y empezar el día a campo abierto. Luis aparece sin camiseta y Pachá al natural, uno muy blanco y el otro muy negro. Hace un año y por estas fechas, Luis lo eligió en adopción tras una exhibición canina organizada por la asociación Avanza en las fiestas del pueblo, “como va a vivir como un pachá, le puse ese nombre. He buscado hasta una casa más cara pensando en él”. Al principio, con medio año se merendó su sofá, pero con humor le presenta como “excesivamente cariñoso”. Luis cree que no se contagia la personalidad humana al perro, “ojalá tuviera sus virtudes”.
Mientras éstos se internan por el camino, otros aparecen entre los árboles colindantes, son dos jóvenes que vienen de Galapagar a escalar con colchón incluido y traen a Lluvia. Los vecinos de Jesús la habían adoptado pero no la cuidaban, la tenían atada y venían solo los fines de semana, “se escapaba y venía a nuestra casa y por peligro de que la atropellaran, decidimos quedárnosla” Tienen tres perros más que han ido adoptando “nos gustan mucho y recibimos mucho cariño”. Jesús dice que él se parece a su “carlino” por tontorrón y gracioso. Esta es la primera vez que vienen aquí y como se han perdido, la perrita lleva una buena caminata.
Alejandro les indica a los chicos la piedra que buscan, viene con Obo, el labrador negro de su novia Carol, “hace dos años que vivo aquí con mi novia y su perro”. Al principio le imponía pero se lo ha ganado enseguida, “una vez a la semana tiene su marcha larga, entonces él y yo salimos”. Tiene ocho años y con 25 kilos está en forma y buena línea. “Le pusieron “Obo” porque era un peluche con cara de bobo y un regalo de navidades”. “Se parece a mi novia, son tranquilos, juguetones, cariñosos… unos buenazos”.
Son las 10:00 de la mañana, y de vuelta al centro del pueblo diviso a una perrita galgo que entra con su joven dueña a casa, saludo a “Rubia”, el nombre con el que vino de S.O.S Galgos. Belén la trae de un largo paseo más allá de los Robles, “son los mejores para tenerlos en un piso, es buenísima, me encanta”. El anterior galgo fue por ella, su madre no quiso repetir pero la convencieron, “la tenemos entre nosotras en custodia compartida”. “Se parece a mí porque soy tranquila y a la vez me gusta el campo, pero tiene mucho morro, siempre se pone en medio para que le den cariños”. Belén está estudiando en Agosto debido a tres asignaturas que le quedan para terminar la carrera de bioquímica, así que después del paseo, a estudiar.
Apetece un café, así que en el pueblo busco a quien hace un paseo más urbano, Berta se encamina a tomarlo con sus dos perritos yorkshire- los que se llevan en el bolso-. Uno va por libre “Kiwi” y otro con su correa “Mango”. Kiwi sufrió un atropello y desde que se recuperó es inseparable de su dueña, “ni siquiera paró el conductor”. Dos perros de caza mataron a otro anterior “el dueño decía que solo estaban jugando”. Mi hermana que es veterinaria me trajo a Kiwi ese mismo día”. Animales y personas son iguales en la familia de Berta, siempre han convivido juntos, “recuerdo el gesto de Fernando Alonso cuando ganó su primera carrera y se lo dedicó a su perro fallecido”.
Ya hace demasiado calor para que humanos y animales caminen, así que espero a la caída de la tarde. Son las 21:00 horas y cerca del centro de salud, me adelanta un trio corredor, Barry y Flori con Uisce todos al trote, es una lata parar su ritmo pero así me cuentan de este curioso nombre en gaélico que significa “agua”, porque Barry es irlandés. “deberían dejarlos entrar en el parque JH. En otros países los animales son uno más”.
Reinician el ejercicio y se alejan. Ya ha caído la noche, otro buen momento para el paseo, pero ya no en la parte del parque natural porque dicen que los jabalíes bajan en busca de agua y comida. Es en la Avenida de la Dehesa donde hay gente que corre y pasea a sus perros.
Me encuentro a Lucía con la bolsita reglamentaria con regalo incluido de Mileto, un bóxer de 6 años, el nombre, por el primer filósofo griego. “Tiene una cara preciosa y es la raza que cuida de los niños”. Mi hija lo trajo pero ahora que se ha ido a vivir con el novio y es incompatible con el perro de él, así que me lo he quedado”. Hace 42 años que vive en Torrelodones y recuerda todo el campo y los árboles que había, “ahora todos nos encontramos en el mismo sitio… lo que más disfrutan es correr con otros perros, entonces se arma la fiesta”.
Me quedo con una conclusión, “como he visto una celebración del cariño mutuo, creo que lo que eleva la cultura de un pueblo es el amor a sus animales”.