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BASURAS hasta los cerros

miércoles 23 de abril de 2014, 12:06h
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BASURAS hasta los cerros
Mientras en el Ayuntamiento de Torrelodones se hacen la foto con la campaña de reciclaje de la Comunidad de Madrid y la pancarta de “Torrelodones recicla” pende del balcón municipal en la Plaza del Caño, desde allí mismo se extiende la basura sin control por todo el centro del pueblo, por las zonas más allá y por las urbanizaciones alejadas. Papel, vidrio, plásticos, residuos orgánicos y muebles viejos… todo se agolpa dentro y alrededor de los contenedores, a cualquier hora, afeando el entorno y generando malos olores.
Y todo, rubricado con grafittis, que ya forman parte del paisaje.

Ayuntamiento y vecinos deberán ponerse alerta en un futuro inmediato, donde las multas intentarán ordenar por las malas el caos que unos pocos han generado por las buenas.

Resulta, cuando menos, curioso que el 15 de junio, el alcalde recogiera el Premio Pila 2006, reconociendo al municipio el éxito, a nivel nacional, en la recogida de pilas, baterías y teléfonos móviles usados, y que seis días después, el mismo alcalde saque un bando en donde se alerta de la necesidad de ordenar la sacada de basuras y en el que se anuncian multas de hasta 30.000 euros para las infracciones muy graves. O que Torrelodones haya pasado a ser el municipio que mejor separa los envases plásticos de la basura orgánica cuando antes estaba en el penúltimo lugar, y que todo esto sea posible a la vez.

Pero, entonces,
¿qué está pasando?

¿Quién o quiénes son los responsables de que la imagen de Torrelodones al pasear sea la de una “ciudad sin ley” de la basura? En esta ocasión, algunos no tendrán que salir de casa o de su propio entorno para hallar la respuesta: el esfuerzo que hace la mayoría, lo desbarata una minoría unas veces irresponsable y otras veces, desinformada. Durante unos días, ViveTorre ha recorrido las zonas donde se aglutinan los contenedores de residuos de todo tipo y se ha encontrado con realidades indignas del pueblo y del entorno en donde sus habitantes pretenden vivir: contenedores de papel repletos; de basura orgánica, destapados y llenos a las 12 del mediodía; objetos como tablas de planchar, fregonas, escobas, planchas y hasta colchones y un sofá, tirados a plena luz del día junto a esos contenedores, en el centro del pueblo, o incluso junto a las isletas soterradas y en mitad de las aceras. “Lo malo es que la gente está acostumbrada a que todo lo que se saca a la calle, se acaba llevando”. Así se expresa Rafael Fernández, jefe de Servicio de Urbaser, la empresa concesionaria de la recogida de residuos sólidos urbanos y orgánicos, así como las bolsas de jardín. Cierto es que el vaciado de los contenedores de cartón y papel es responsabilidad de la Comunidad Autónoma de Madrid, encargada de recogerlo en todos los municipios de la zona. Se recoge, al menos, una vez por semana, sin embargo, alguien debería responsabilizarse de llamar la atención de la Comunidad para que la frecuencia de la recogida de papel fuera mayor y las calles de Torrelodones no tuvieran que sufrir la fealdad por reciclar. El responsable de Urbaser aclara que “los comerciantes disponen de un servicio de puerta a puerta gratuito para tirar todo su cartonaje los lunes, miércoles y viernes”.

Las islas soterradas, una
mala solución

Hace un tiempo, en ciertas zonas de la ciudad, como en la calle Juan Van Halem, donde se encuentran muchos negocios de hostelería, se colocaron contenedores bajo tierra, pensando que iba a ser la panacea al problema de la acumulación de basuras en los bares y restaurantes. Se les llamó “isletas ecológicas”, pero la solución no ha resultado tan eficaz y el Ayuntamiento no piensa reproducir la experiencia en otros sitios. “De estas islas se recoge cuatro veces al día lo que hay por fuera: a las 6 de la mañana, el camión de la basura; por la mañana, limpieza manual; a última hora de la mañana, vuelven a pasar limpiando, y por la tarde, pasa otra brigada a la última hora posible, que suele a ser las siete y media de la tarde”, explica el jefe de Urbaser. No obstante, locales como Los Pinchos o Irish Tavern sufren en sus terrazas de verano los malos olores que genera tal acumulación de basura subterránea. “Lo que ocurre es que se dejan muchas bolsas al lado, sin meter en el contenedor. El irlandés antes tenía ahí cinco contenedores de basura convencionales y era mucho peor. En verano, el soterrado tiene un tratamiento para que no dé olores”, prosigue. “Lo que ocurre es que se dieron contenedores a los comerciantes, pero no les cabe en su local, por lo que sí sacan bolsas grandes, que no caben por las bocas, y las dejan fuera, al lado, y eso puede generar mal olor por la fermentación de la misma basura, sobre todo cuando le da el sol”. La explicación, quizá sea acertada, pero no lo es menos que uno de los contenedores lleva meses sin una de las compuertas de chapa, lo que hace revertir los olores de la basura acumulada de días a alguno de los locales comerciales. Los propietarios del Irlandés echan 5 litros de lejía al día para limpiar esos contenedores: “Las bolsas se revientan al caer y no es normal que el Ayuntamiento nos ponga un basurero a 3 metros de la puerta”. Y también hay vecinos que se quejan de que los grandes cubos huelen mal en verano, aunque Urbaser puntualiza: “En verano, los contenedores se lavan una vez al mes con productos especiales. Lo que huele es la propia basura, no el contenedor”. Lo que está claro es que, aun en este mes de julio, hemos encontrado contenedores de basura orgánica llenos y abiertos a las 12 del mediodía, lo que sin dudar, a las dos de la tarde genera un olor nauseabundo, que afecta a muchos vecinos que viven cerca y a todos aquellos que pasan por allí. “Nosotros hemos llegado a encontrar hasta cajas de sardinas enteras en el contenedor -afirma Fernández- y eso, cuando pasa un hora al sol, está podrido”.

Y, por si el impacto visual no fuera suficiente por sí solo, en los contenedores e iglús ya son permanentes las pintadas grafiteras, dándole al pueblo un aire de suburbio que no debería serle propio. Urbaser también se ocupa de esas pintadas: “La brigada anti-grafittis actúa una vez por semana, pero desde que comienzan las vacaciones de verano, estamos desbordados”. Cada año, Torrelodones se gasta 30.000 euros al año en quitar lo que otros han manchado con pinturas de spray. Eso sin contar el gasto que genera a todos el vandalismo destructivo por los cubos y contenedores quemados.

Punto Limpio, ¿para cuándo?
Otro de los servicios que echan en falta los vecinos es un punto limpio, donde se puedan llevar pequeños y grandes electrodomésticos y enseres viejos. El Ayuntamiento tenía previsto abrir uno en la zona del antiguo vertedero, pero la nueva normativa europea ha hecho cambiar el proyecto. El concejal de Medio Ambiente, José Luis Llorente, afirma que no pasará esta legislatura sin que quede instalado ese punto limpio permanente que, desde luego, muchos vecinos están reclamando desde hace tiempo. “No obstante, hay un camión que va hasta la puerta de las casas recogiendo enseres. Este servicio se debe solicitar llamando al teléfono 91 637 76 00 y es gratuito y, aun así, los fines de semana ha habido que reforzar la brigada para recoger cosas de donde no debían ser arrojadas”, dice el concejal. “De todas maneras, es muy probable que pongamos puntos limpios móviles o provisionales para pequeños objetos, electrodomésticos, etc.” También deberán hacerlo para el reciclaje de aceites, como ya existe por ejemplo en Hoyo de Manzanares. El impuesto anual de retirada de basuras es de 60 euros para una casa y, según Llorente “eso no cubre ni el 30 por ciento del servicio; la recogida de basuras se financia porque somos capaces de generar otros ingresos. Al principio de la legislatura anterior, la recogida de basuras en urbanizaciones se hacía cada dos días y ahora es diaria”. ViveTorre ha tomado el pulso a algunos representantes de esas urbanizaciones. En La Berzosilla, algunos propietarios se quejan de la lejanía de los contenedores de su propia casa, aunque reconocen que tampoco querrían esos “mamotretos” muy cerca no sólo por temor a los malos olores, sino como un elemento que les pudiera afear su entorno. En Nuevos Peñascales, como en la mayoría de las urbanizaciones, los cubos están en la entrada y su presidente, Sebastián Menéndez, resuelve cualquier problema que surge directamente con el Ayuntamiento o con Urbaser: “No hay graves incidencias y cuando surge algo, avisamos sobre la marcha y lo solventan”. Aún así, pone el dedo sobre la llaga generalizada que padece todo el término municipal: “Hay que poner autodisciplina. Exigimos antes de cumplir. Yo he visto muchas bolsas de basura en praderas; me he preocupado de abrir la bolsa y he encontrado cartas de los propietarios de esa basura y se las he llevado a su casa. Ayer había otro montón de cartón y papel. Entre todos tenemos que colaborar para que el servicio sea óptimo”. Otro residuo es el que genera el cuidado de los jardines. Para ello, el Ayuntamiento tiene ofrecidos cubos de compostaje subvencionados a 25 euros, con el fin de que los vecinos puedan reciclar y fabricar su propio abono. Cada casa puede generar cinco bolsas a la semana, “pero ahí también encontramos ramas y tierra, que no debería haber y eso crea unos trastornos importantes”, asegura Urbaser, y según Llorente “ese servicio no va incluido en las tasas de basura. El Ayuntamiento no lo cobra al ciudadano”.

Pese a todo, un buen reciclaje
Aunque los actos de algunos desaprensivos desdibujen la imagen de limpieza que sería deseable en el pueblo, lo cierto es que Torrelodones es el primer municipio de la Comunidad en calidad de residuos reciclables. Antes, en los contenedores amarillos, se recogían 3.000 kilos de residuos diarios, pero todo estaba mezclado. “Había hasta bicicletas”, dice Rafael Fernández, de Urbaser. “Ahora, con los iglús, la gente se queja de que la boca es muy pequeña, pero precisamente está diseñada para que no entren sino los envases que deben entrar”. El resultado es que ahora sólo se recogen 1.000 kilos al día, pero aprovechable en un 90 por cierto. En vidrio y papel, Torre está cercano al cien por cien. Es decir, reciclado óptimo, en cuanto a calidad. El Ayuntamiento de Torrelodones destina 790.000 euros al año sólo a recoger las basuras, pero estos costes se disparan para recoger las que una mínima parte de la población abandona en cualquier lugar. El concejal Llorente dice que “el incumplimiento de las normas acaba repercutiendo en los costos del ciudadano”. Las multas ya están listas para ser adjudicadas. Ahora sólo queda que el consistorio informe debidamente y, después, aplique la normativa al pie de la letra. Tal vez así, Torrelodones recicle también a esa mínima parte de la población que la tiene de basura hasta los cerros.
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