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La Guerra Civil en Torrelodones (I)

Panarras fue un punto estratégico en la batalla de Brunete.
Panarras fue un punto estratégico en la batalla de Brunete.
miércoles 23 de abril de 2014, 12:06h
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Nuestra villa – que quedó en el bando republicano tras la sublevación de julio del 36 – fue un importante enclave durante la Guerra Civil, escenario de episodios como la Batalla de Brunete. Aquí comenzamos una serie de entregas en las que relataremos cómo se vivieron aquellos años, con curiosidades históricas como la conversión de la Iglesia de la Asunción en un taller de reparación de automóviles.

Lugar de paso…así podríamos tildar a nuestra localidad, porque a lo largo de 8 siglos, fueron muchas personas anónimas las que pasaron por aquí, y otras menos anónimas y que protagonizaron uno de los trienios más dolorosos de nuestra Historia. Lugar de convivencia, a pesar de decisiones como la de derruir el monumento de las Tres Cruces por el Ayuntamiento entrante en 1931, a poco de ser proclamada la República; algo que, poco a poco, y hasta su completo estallido a partir del verano de 1936, desapareció, en Torrelodones y en el resto de España.

El marqués de Alhucemas, Manuel García Prieto, jefe de gobierno provisional en 1912, y de nuevo jefe de gobierno entre diciembre de 1922 y septiembre de 1923, construyó la Casa Panarras en 1910 para el tratamiento de su mujer; una casa de estilo vasco, en pleno Parque Natural del Guadarrama, sobre el Cerro de Gurugú, y que protagonizó algunos años después el episodio que nos ocupa.

Por aquí pasaron Besteiro, Prieto y Largo Caballero en agosto de 1933 para intervenir en la Escuela de Verano del Partido socialista Obrero Español.

En 1935, el entonces párroco don José Solís García casó a la hija de Gabriel Enríquez la Orden, siendo padrino en representación de Su Majestad el Rey D. Alfonso XIII el Conde de Rosillo, estando entre los testigos de la boda el diputado Don José Calvo Sotelo (la partida de matrimonio con estos datos está incompleta, lo que da a entender que se destruyó o extravió y que debió volverse a cumplimentar). El asesinato de este político de derechas fue el último desencadenante de la guerra.

Sobre el taller en la Iglesia, los asaltos y los ejecutados...
Desde el primer instante del alzamiento militar, el territorio quedó físicamente dividido en dos. Torrelodones quedó en la zona republicana, y los milicianos convirtieron la parroquia en almacén y taller para la reparación de vehículos cavándose un foso que permitía su mantenimiento. La “Colina”, la pequeña loma enmarcada en el parque de Prado Grande, en la Colonia, fue punto estratégico, emplazándose varias ametralladoras en lo alto del montículo y su gruta se convirtió en refugio para la población (De Vicente Muñoz, José. “Nuestro pueblo. El parque municipal de Prado Grande.” Torrelodones. nº 24. Mayo 1990); a Agapito Martínez (alcalde entre 1963 y 1971) panadero en esos años, le asaltaron la tienda “El arca de Noé” y le obligaron a hacer una colectividad entre la panadería del pueblo y la de la colonia (Torrelodones nº 39. Agosto 1991).

La represión en Madrid y sus aledaños se dirigió hacia los militares que secundaron el levantamiento y personas de probadas creencias religiosas. La Asociación Católica de Propagandistas sufrió la violencia intolerante y anticlerical que se desencadenó; además se incautaron sus locales. En septiembre de 1936 se encuentra en la carretera de Torrelodones el cadáver del Jefe de Secretariado de la Confederación Nacional Católico Agraria (C.N.C.A.), Felipe Manzano, y en la de Alpedrete, el del Vocal de la Junta Central de Acción Católica, José María de la Torre de Rodas.

En el arco de la sierra, el encargado de hacer efectiva la represión fue Felipe Emilio Sandoval, alias ‘Doctor Muñiz’, afiliado a la CNT, según órdenes de la checa de Fomento. Se trasladó a los pueblos de la Sierra y detuvo a los enemigos de la República, recorriendo Villalba, Collado Mediano, Torrelodones, Valdemorillo y otras localidades encarcelando a más de trescientas personas. En nuestra villa, fueron varios los vecinos detenidos, y ejecutados posteriormente en Paracuellos; sus nombres aparecen grabados en la puerta de la parroquia de la Asunción:
Atanasio Velasco López, ejecutado el 7-11-1936 en Paracuellos del Jarama trasladado desde la Cárcel Modelo
Anastasio Urosa López, ídem
Serapio Urosa Oñoro, ídem

Guillermo Miguel Charco, No se refleja
Emilio Santoja Montero, 3-12-1936, Paracuellos de Ventas. Nacido el 5 de abril de 1888, hijo de Lorenzo Santoja y Fabiana Montero. Contaba, cuando fue asesinado, 48 años.

Fernando Urquijo Landecho, hermanos Estanislao y Santiago, el 15-11-1936, en Madrid Usera.

Eusebio Sánchez Gascón.

Además, se tiene constancia de al menos dos personas más, en este caso muertas en nuestro pueblo, y cuyo origen no está muy claro:
Adrián Luz Sanchuelo, Párroco ecónomo Torrelodones, del clero secular, fusilado en el mismo pueblo.

Ricardo Vázquez Goyanes, 24 años, de Guadalajara, falleció en el campo el día 12 de agosto de 1936.

Fernando Herreros Hidalgo.

Profesor e Investigador de la Historia Local.
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