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Ana Alfonso, directora de la Residencia ORPEA Torrelodones: “Creo que todos hemos salido reforzados de esta experiencia”
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(Foto: Residencias ORPEA)

Ana Alfonso, directora de la Residencia ORPEA Torrelodones: “Creo que todos hemos salido reforzados de esta experiencia”

jueves 19 de noviembre de 2020, 12:16h
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Ana Alfonso, directora de la Residencia ORPEA de Torrelodones, reflexiona acerca de cómo se vivió la primera ‘oleada’ de coronavirus desde dentro de las residencias, qué lecciones han extraído de la experiencia y cómo se afronta la segunda oleada de contagios desde estos centros, en los que se atiende y cuida a las personas mayores, uno de los colectivos más vulnerables al virus de la COVID19.

¿Qué balance hacéis, en lo personal y humano, de lo vivido con la pandemia de coronavirus?

En lo personal ha sido un aprendizaje sobre nuestros límites y nuestras fortalezas; nos ha abierto los ojos a cerca de lo esencial, de que todo puede cambiar rápidamente; de la importancia de valorar, disfrutar y agradecer todo lo que nos parece ‘normal’ en nuestras vidas y lo que ‘damos por hecho’. A nivel humano han sido meses difíciles, en los que el más mínimo detalle era correspondido con una sonrisa por parte de los residentes y los compañeros, haciéndonos sentir de vital importancia para los demás. Se ha despertado en todos el compañerismo, el altruismo y la empatía; el apoyo mutuo y el trabajo en equipo, dejándonos de lado a nosotros mismos para ayudar en todo. Creo que todos hemos salido reforzados de esta experiencia. Echando la vista atrás y con lo vivido ahora, seguramente haríamos las cosas un poco mejor o de otra manera, pero mi conclusión es que todos hemos servido de ejemplo para todos, esforzándonos y adaptándonos a las situaciones.

¿Cómo se ha vivido el confinamiento desde el otro lado de la ventana, desde dentro de las residencias?

Desde dentro se vivió con heroísmo por parte de nuestra generación de mayores, que han demostrado una vez más su valor para tolerar situaciones vitales difíciles. Se ha vivido con sentimientos encontrados por parte de los trabajadores, por la incertidumbre y la impotencia; y también con la ilusión y la esperanza de que las medidas tomadas y el esfuerzo diario sirvieran para preservar la salud de nuestros residentes. Al mismo tiempo, con mucha responsabilidad por asumir el vacío de la ausencia de las familias y con agradecimiento por sus palabras de aliento y su confianza. En algunos momentos lo hemos vivido con soledad por el mensaje distorsionado y la falta de sensibilidad de algunos medios y de la sociedad en general con el trabajo de los profesionales en residencias de mayores. Nos quedamos con los agradecimientos, la satisfacción personal y la enorme profesionalidad que los centros residenciales han demostrado. El confinamiento nos ha unido más que nunca, se han creado vínculos más fuertes entre el personal y los residentes.

¿Qué ha supuesto para las personas mayores el estar privadas durante tanto tiempo de ver a sus familias? ¿Cómo se les ha acompañado en lo emocional para hacer frente a momentos tan duros?

Para ellos ha sido casi lo más difícil, aunque nos ha sorprendido como toleraron el confinamiento en la habitación aquellas semanas. Eran los residentes los que le quitaban importancia delante de nosotros, haciéndonos entender que, como en otros momentos de sus vidas ellos iban a aguantar y a luchar; dándonos ánimos y agradeciendo siempre nuestra compañía. Los momentos más emocionantes las videollamadas con sus seres queridos, las llamadas telefónicas o los mensajes recibidos por mail; sus sonrisas al ver a un nieto o la luz de sus ojos al ver a sus familias sanas y juntas. Se han retomado algunas relaciones familiares más distanciadas antes del confinamiento que a día de hoy se mantienen más fuertes y se han creado vínculos entre residentes que serán para siempre.

Las actividades se consiguieron adaptar, haciendo que fueran individualizadas, en la habitación y en los pasillos, creando momentos para compartir al mismo tiempo que se extremaban los protocolos de sanidad. Pero los residentes inevitablemente han acusado la menor movilidad, la soledad y la falta de contacto familiar y social. El personal siempre ha estado a su lado, sonriente a pesar de las mascarillas, cariñosos y cercanos, aunque nada puede sustituir el abrazo de un hijo/a.

¿Y en el caso del personal?

Los trabajadores somos conscientes de dónde y con qué población trabajamos. El profesional sanitario es muy vocacional y hace frente, mejor o peor, a lo que haga falta. Pero los sentimientos de miedo y culpa generados por el desconocimiento hizo que muchos necesitaran ayuda psicológica. Muchos trabajadores han tenido que permanecer alejados de sus familias, han sentido miedo por contagiar a los suyos, se han visto impotentes por la falta de reconocimiento social,... Finalmente las emociones acumuladas y las reprimidas han necesitado y necesitan expresión en cada uno de nosotros; con Orpea hemos contado con el apoyo y la ayuda para expresar, aceptar y seguir adelante.

¿Cómo se vive la incertidumbre de los próximos meses y el que se pueda repetir lo que vivimos desde marzo hasta mayo?

En general creo que estamos todos más preparados. Sabemos qué es lo que puede pasar y cómo actuar, tenemos protocolos aún más definidos, mayor coordinación con los organismos sanitarios, más pruebas y más información. No pensamos en lo sufrido, seguimos trabajando día a día por nuestros mayores con ilusión y con ganas. Tenemos la esperanza de que los posibles brotes no serán como el primero, el nivel de inmunidad de los centros es alto y disponemos de más pruebas para actuar muy rápido. Disponemos de equipos humanos profesionales, formados, preparados y unidos; y, sobre todo, contamos con la confianza que depositan en nosotros las familias y nuestros mayores.

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