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Torre Baler: el bisabuelo llevó el mando de los últimos de Filipinas
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Torre Baler: el bisabuelo llevó el mando de los últimos de Filipinas

martes 03 de diciembre de 2019, 19:13h
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En la Colonia de Torrelodones existe una casa llamada Torre Baler. Es el recuerdo al bisabuelo Saturnino Martín Cerezo, que tuvo que tomar el mando de los conocidos como ‘Los últimos de Filipinas’, un destacamento militar sitiado durante 11 meses en la localidad de Baler. El cartel en la casa, sin embargo, fue idea del arquitecto y compositor Manuel Martínez Chumillas, que construyó esta casa -entre las muchas que hizo en el municipio- para el matrimonio de su hija Teresa Martínez Abad con el nieto de Saturnino, Enrique de la Villa Martín-Cerezo.

Para recordar a ‘Los últimos de Filipinas’ hay que situar el contexto histórico en el fin del Imperio español en 1898. La derrota frente a EEUU hizo perder a España las últimas colonias que ya de por sí, estaban luchando por su independencia. Un destacamento de 50 soldados donde se encontraba el Teniente Martín Cerezo habían partido a Filipinas para frenar la insurgencia y terminaron resistiendo 337 días en el interior de una iglesia desconfiando de que la guerra se hubiera perdido.

De este hecho histórico se señalan dos aspectos sin precedentes. Uno, que fue considerado “el asedio más largo de la historia contemporánea” y se estudia como referente en las academias militares. Y la otra curiosidad es que aquella gesta derivó en la exaltación de amistad entre los dos países. El que fuera primer presidente de la Filipinas independiente, Emilio Aguinaldo, trató a estos prisioneros como amigos y les entregó un salvoconducto para regresar a España. Este año se ha cumplido el 120 aniversario de la vuelta a casa de los últimos de Filipinas, un 30 de junio, y ésta fecha fue elegida en el 2002 por los Parlamentos de los dos países como el día de la amistad hispano-filipina.

La familia torresana de Saturnino

Teresa, Mari Fe, Ana, Miriam y Enrique son los bisnietos de Saturnino que disfrutaron desde pequeños como veraneantes en la Colonia de Torrelodones. Todos ellos menos Ana siguen viviendo con sus familias en el municipio y conservan los mismos amigos desde hace 35 años. El nexo de unión con Torrelodones se creó por el arraigo en la localidad de la familia de su madre, Teresa. El padre, Enrique, era pediatra y cuando se jubiló hace 17 años se quedaron a vivir en Torre Baler. Enrique murió hace dos años y solía decir que él fue el nieto que más conoció a Saturnino antes de que muriera en 1945.

Algunos bisnietos escucharon a la abuela Maria Felicia y todos conocen el relato de su padre. Reconocen que son poco solemnes y que a ellos esta Historia les viene de muy atrás, pero no dejan de quitarle la importancia a la figura de su bisabuelo. Si bien el pasado ha vuelto a resurgir, especialmente tras la última película sobre el tema -hubo otra en 1945- estrenada en 2016. Afirman que están entre tristes y enfadados porque “se mancha el honor del bisabuelo”. Si bien es cierto, en aquella época este episodio generó todo tipo de controversias y el propio Martín Cerezo publicó un libro en 1904 relatando notas y recuerdos para zanjar las especulaciones.

Episodios de la Historia en la familia

Saturnino nació en Miajadas, Cáceres, en 1866 y siendo de familia humilde se dedicó a la agricultura hasta que a los 19 años se alistó para ir a la guerra en África. Volvió a España como Sargento y se casó con Fuensanta, pero quedó viudo tras un parto fallido. Desolado, decidió irse voluntariamente a Filipinas. Martín Cerezo tuvo que tomar el mando durante el asedio porque los mandos enfermaron y murieron. La situación era desesperada pero se resistían a capitular, hasta que por la Prensa se convencieron de que la guerra hacía seis meses que había terminado. Pactaron la rendición y los 33 supervivientes regresaron a España dudando de cómo sería el recibimiento. Teresa nos muestra `la laureada de San Fernando´ concedida a su bisabuelo por Alfonso XIII y que conservan en la casa. Dice Enrique que escucho de él que “era austero y renunció a títulos nobiliarios. Que estaba hecho a la disciplina militar y a la rectitud”. Saturnino se pasó tiempo presentando recursos al Estado para reclamar para sus compañeros ayudas que no recibían. Él consiguió ascender hasta General y se casó con Felicia, una hija de ricos terratenientes que volvieron de Cuba. Tuvieron tres hijas y un hijo, al que mataron en sustitución a él, cuando estalló la Guerra Civil. Saturnino murió en 1945 y está enterrado en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid.

El salto al día de hoy es ya cualitativo, y aunque se ha perdido en la línea torresana el apellido Martin-Cerezo, les vuelve su buen humor genético, recordando una anécdota que encuentran divertida. Nos cuentan de otro antepasado suyo aún más insólito: Bernardo de Gálvez, ¡el virrey de Nueva España!. Viene por parte del abuelo Luciano que era el marido de otra hija de Martín Cerezo. Dicen que cuando lo descubrieron dijeron: “¡ya tenemos suficiente!”. Y para nosotros, esa es otra historia.

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